JOSÉ MASTANDREA
Los jugadores llegaron sin camisetas. Salvo dos o tres, el resto lo hizo con una remera negra sin mangas. Y todos llegaron corriendo, sonrientes, felices. Querían entrar al vestuario cuanto antes para festejar en la intimidad. Después que se cerró la puerta se escuchó el clásico "¡Peñarooollllll.... Peñarooolllll nomáaaaaa...!". Hubo aplausos y silencio.
El último en ingresar fue Mario Saralegui. Se había quedado en la cancha abrazando a los jugadores y después se quedó con los hinchas. "¡Vamos Peñarooollll!", fue el grito del técnico mientras sorteaba micrófonos y cámaras de televisión que pretendían testimoniar su alegría.
Darío, juntó a todos sus compañeros y pidió una charla con ellos. El grupo quedó encerrado entre los dos camarines y allí hubo una arenga final, el agradecimiento a la entrega, a la lucha, a todo lo que se había puesto para sacar adelante el partido. Fueron apenas cinco minutos. Los jugadores salieron en silencio y dejaron que la euforia le ganara a los demás. A los allegados y a los dirigentes que dieron rienda suelta a su alegría subidos a los largos bancos del camarín: "Te querés matarrrr... te querés matarrrr.... si sos del ......", se entonó y se cantó.
Mientras eso sucedía, dejaban el vestuario los jugadores que fueron al control antidopaje.
Esta vez, la salida de las duchas fue más rápida que de costumbre. Rostros felices y abrazos pendientes fue una constante.
Un grupo de dirigentes esperó al plantel para aplaudirlo. Ahí estaban, entre otros, Juan Pedro Damiani, Gervasio Gedanke, Washington Cataldi, Fernando Errico, Ángel Tucci, Víctor Cabrera y Juan Carlos Hermida.
Charlaron, intercambiaron bromas y escucharon al hoy Coordinador Institucional: "Mi viejo debe haber pasado el Purgatorio... está haciendo de las suyas", dijo.
Después de una extensa entrevista a la televisión argentina, Damiani no aguantó más y lloró. Descargó toda la emoción en ese momento, más aún cuando volvió a hablar de su padre. Tuvo que respirar hondo para sobreponerse y seguir atendiendo a los medios.
Más atrás, Washington Cataldi dejaba veloz el camarín: "¿a dónde vas tan apurado?", le preguntaron sus compañeros de directiva: "¡Al cine... voy a ver Polvo nuestro que estás en el Cielo!", gritó ante la risa de todos.
Es que el triunfo clásico dio para que Errico, por ejemplo, ironizara con "ahora tenemos dos clásicos de 8 contra 11... y los dos los ganamos nosotros".
El vestuario aurinegro vivió intensamente el triunfo. Hubo emoción, sentimiento y recuerdos.
Los jugadores, lo vivieron a su manera. Sin declaraciones rimbombantes ni euforia desmedida.
La cifra
70 Son los clásicos ganados por Peñarol en el Campeonato Uruguayo. Lleva siete sin perder.