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Dos libros de Joan Didion
La escritura y el dolor

László Erdélyi

A las 9 de la noche del 30 de diciembre de 2003, mientras Joan Didion y John Gregory Dunne cenaban en la ciudad de Nueva York en su apartamento, John se desplomó con un infarto fulminante. Acababan de volver del hospital donde la única hija de ambos, Quintana, hacía cinco días que estaba inconsciente en Cuidados Intensivos de un hospital cercano. Primero fue atendida por una gripe que derivó en neumonía y luego en choque séptico. Quintana se recuperó en forma lenta de la infección. Le dieron el alta el 3 de febrero y, ya más recuperada, participó de la ceremonia de sepultura de su padre el 23 de marzo. Dos días más tarde, mientras bajaba de un avión en Los Angeles, Quintana sufrió un derrame cerebral y fue internada grave, para comenzar de nuevo una lentísima recuperación.

Didion y Dunne conformaban una prolífica pareja de escritores norteamericanos, muy respetados en ámbitos literarios, periodísticos y cinematográficos. Joan Didion posee una larga trayectoria como novelista, ensayista y periodista de reconocidas publicaciones como Vogue, The New York Review of Books y The New Yorker, entre otras. John Gregory Dunne no se le quedaba atrás, como lo prueba el homenaje póstumo que la Academia de Hollywood le realizó durante la entrega de los premios Oscar en el 2004. No eran una pareja común. Fueron testigos, vieron y fueron vistos ya sea en la gran Babel periodística y literaria que es Nueva York, o en la máquina productora de sueños que es Hollywood. Había glamour, pero sólo el necesario, el que llega porque no hay más remedio, el que se merecen los que valoran su intimidad.

BUSCANDO UN SENTIDO. Para Joan esos últimos días de diciembre del 2003 significaron el derrumbe de lo construido a lo largo de una vida entera. Se encontró a la deriva, física y emocional. Mientras Quintana comenzó en forma lenta a recuperarse de su sepsis, entendió que debía buscarle sentido al asunto. "He sido escritora toda mi vida" se dijo, y se puso a escribir, en octubre de 2004. "Esto es un intento por encontrar sentido al tiempo que siguió, a las semanas y meses que desbarataron cualquier idea previa que yo tuviera sobre la muerte, la enfermedad, la probabilidad y la suerte, la buena o la mala fortuna, sobre el matrimonio y los hijos y el recuerdo; sobre el dolor y los modos en que la gente se plantea o no el hecho de que la vida se acaba; sobre la precariedad de la cordura y sobre la vida misma", escribe en el primer capítulo de El año del pensamiento mágico, publicado en Nueva York en el 2005, que recibió el National Book Award, y que llega ahora al español en una correcta traducción de Olivia De Miguel.

En su intento por encontrar sentido a la devastación, la escritora ordena datos, esclarece situaciones, aporta información cuando puede y, cuando no, confiesa que los hechos siguen sumidos en la nebulosa. Desde la primera línea el tono es honesto y de sumo respeto hacia el lector, que en el imaginario de la autora es como un familiar más que se acercó a su casa horas después de la muerte de John. Trata de explicar -y explicarse- cómo sucedió todo, con el mayor lujo de detalles posible. La autora está dominada por la aprensión, por un estado emotivo de incertidumbre y desamparo. Es la angustia, uno de los sentimientos displacenteros más universales, al decir de Leon y Rebeca Grinberg.

EL DATO JUSTO. Podría haber sido un bodrio. Todos hemos llorado con una brasa ardiendo en el estómago durante meses por la pérdida de un ser querido, o explicado en un velorio las circunstancias de un doloroso deceso.

Pero es Joan Didion, maestra de escritores y periodistas. La tensión dramática nunca decae. Es el recurso de volcar datos, pero no cualquier dato sino aquél que ilustra un mundo entero. Aparecen las galeras del libro de David Fromkin que John estaba leyendo minutos antes de sentarse a su última cena, o qué es una fibrilación ventricular, en qué consiste el proceso bioquímico de la sepsis que intoxicó casi mortalmente el cuerpo de Quintana, o el apoyo que le dio John cuando se enteraron de la masacre de My Lai en Vietnam (1968), mientras estaban descansando en familia en Honolulu. Ella llamó a sus editores de Life y les propuso escribir su columna desde Saigón, a lo cual se negaron. "Te lo advertí", le dijo John, "Ya te dije lo que sería trabajar para Life. ¿No te dije que sería como si una manada de patos te mordiese hasta matarte?"

Pero lo más sorprendente en la prosa de Didion es el recurso ritual de repetición de determinadas frases: "La vida cambia rápido", o "Te sientas a cenar y la vida que conoces se acaba", que aparecen cada dos o tres páginas, bien claras en el cuerpo del texto, en itálica. No es una repetición compulsiva; es consciente y planificada. Es el camino elegido por Didion para cambiar, para seguir viviendo, para adaptarse al nuevo estado de cosas, sin que ese nuevo estado pierda contacto con la situación original. Para no sucumbir al pensamiento mágico, el que hace trampas, el que evade de la realidad.

"La vida cambia. La vida cambia en un instante. Te sientas a cenar y la vida que conoces se acaba". Si bien Quintana comenzó a mejorar cuando su madre terminó la redacción de El año del pensamiento mágico, falleció en el 2005 a los 39 años.

EL AÑO DEL PENSAMIENTO MÁGICO, de Joan Didion. Global Rhythm, Barcelona, 2007. Distribuye Océano. 210 págs.

Trópico decadente

LA NOVELA Una liturgia común de Joan Didion, publicada en 1977 y también traducida ahora en esta colección de Global Rhythm, se desarrolla en un imaginario país del trópico, una isla llamada Boca Grande, con dos norteamericanas de clase alta como protagonistas. Ambas representan a una clase social decadente, aquella que prefiere el trópico con sus gobiernos corruptos y los ejércitos de sirvientes nativos en sus haciendas antes que las reglas democráticas -e igualitarias- de su propio país. Son los oportunistas que expolian las economías locales y hacen valer su poder de la forma más cruda e insolente. Es el norteamericano que prostituyó la Cuba de Batista en la década del `50. Son estafadores, y están rodeados del falso glamour de una aristocracia que no es. No son, precisamente, norteamericanos decentes. Todo en medio del calor sofocante, un clima propenso a todos los excesos hormonales imaginables. La materia prima para producir buenas historias.

Quien ingrese a Didion leyendo primero El año del pensamiento mágico encontrará en Una liturgia común una prosa familiar, una sintaxis económica, precisa, que provoca intensas imágenes en la mente del lector. Son imágenes que retumban como disparos, secos, inolvidables. Brevedad e impacto, la mezcla sacra del buen periodismo, volcada a la novela. Escribe Didion en la apertura de la parte 1, capítulo 4:

"Aquí las fiebres son recidivas.

Las bacterias proliferan.

Las termitas devoran el palacio presidencial, el óxido corroe mi Oldsmobile.

Dos veces al año el sol, cae completamente vertical y nada proyecta sombra.

La picadura de una mosca deposita un huevo que, en su estado de crisálida, provoca la supuración de la carne humana.

La picadura de otra deposita la larva de un gusano que, al cabo de tres años, aflora y recorre el globo ocular del ojo humano".

UNA LITURGIA COMÚN, de Joan Didion. Global Rhythm. Barcelona, 2007. Distribuye Océano. 287 págs.

© John Bryson



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