Felipe Polleri
ISAAC BASHEVIS Singer es, además, un escritor del siglo XX; pero su visión del mundo hunde sus raíces en la milenaria cultura hebrea y su escritura, para nada "problemática", parece contemporánea de la de un Dostoievski o, más acá, de la de un Strindberg. También resulta inclasificable porque escribía en yiddish, idioma que lo ubica fuera de cualquier mapa. Si es difícil catalogarlo de escritor polaco, es totalmente absurdo llamarlo escritor estadounidense, donde recaló escapando del nazismo. Lo indudable es que se trata de uno de los grandes escritores del siglo pasado, de un genial escritor tradicional. Tradicional como Graham Greene, pero más colorido, más exuberante.
Shosha, una de sus novelas más autobiográficas, empieza así: "Yo fui educado en tres lenguas muertas -hebreo, arameo y yiddish (algunos consideran que ésta no es en absoluto una lengua)- y en una cultura que se desarrolló en Babilonia: el Talmud. El cheder donde estudiaba era un cuarto en el que el maestro comía y dormía y su mujer cocinaba. No estudiaba allí aritmética, geografía, física, química o historia, sino las leyes que rigen a un huevo puesto en día de fiesta y los sacrificios en un templo destruido hace dos mil años. (…) Yo era un anacronismo en todos los sentidos, pero no lo sabía, del mismo modo que no sabía que mi amistad con Shosha, la hija de nuestra vecina Beshele y su marido Zelig, tuviera nada que ver con el amor". En esta historia de amor, una de las más conmovedoras que leí, y de tragedia, porque el nazismo se cierne sobre Polonia, está todo Singer: su fabulosa capacidad para crear personajes (Shosha: la atrasada vidente, la niña-mujer-duende), de crear ambientes (la Varsovia de entreguerras), de estremecernos (Singer es ese tipo de escritores alucinados, ya cité a Dostoievski y a Strindberg, que nos transportan a un mundo febril y caótico), etc.
Yo tengo unas quince obras de Singer, entre novelas y recopilaciones de cuentos, que leí varias veces. Shosha, El mago de Lublin, Un amigo de Kafka (cuentos), se encuentran poco menos que regalados en las "librerías de viejo". Compren y lean, aunque el autor sea otro "sucio judío" como Jesús o Kafka o Schulz o Joseph Roth o Proust o Einstein o Freud. O San Pedro.