La tecnología mantiene hace años una guerra contra el tamaño y los cables. Celulares, palms y Wi-Fi representan las primeras batallas ganadas, pero van por más: en este momento, miles de científicos del mundo se desafían a crear la computadora más chica posible. Una que pueda medir y transmitir signos vitales desde adentro de un marcapasos. O que se distribuyan por decenas en un campo y pasen todo el tiempo información de temperatura y humedad. O en los autos, estas minicompus permitirían que se comuniquen entre sí avisos de calles resbaladizas o hasta presencia de inspectores de tránsito cuadras adelante.
Las aplicaciones son infinitas y por acá, un grupo de investigadores del Instituto de Ingeniería Eléctrica (Facultad de Ingeniería, Udelar) se sumó al reto y trabajan en la minitecnología inalámbrica para fines agropecuarios y médicos. "El objetivo es aprovechar la tecnología y ajustarla a nuestro medio", sintetiza el ingeniero Fernando Silveira, a cargo del proyecto.
El grupo ha diseñado ya una versión de estas minicomputadoras (llamadas "nodos") y está probando su utilidad en un campo de la Facultad de Agronomía destinado a la cría experimental de cerdos. En concreto, pusieron los nodos en la paridera de las chanchas y miden todo el tiempo la temperatura y humedad en pos de determinar las condiciones óptimas.
La mayor gracia de los nodos es que transmiten por antena y funcionan en red. Cada uno tiene un alcance de hasta 50 metros de distancia, pero puede conectarse con otro y otro hasta llegar a un PC y de ahí, se pueden difundir las mediciones por Internet. Así, desde cualquier parte del mundo, uno puede verificar si la chancha está cómoda o no.
Pero Silveira enumera otras eventuales utilidades: en cultivos de arándanos o vitivinicultura. En definitiva, en "todas las áreas agropecuarias que requieran de un seguimiento constante", acota otro integrante del proyecto, el ingeniero Pablo Mazzara. A diferencia de una estación meteorológica, los nodos miden el microclima: qué es lo que está ocurriendo al lado de la planta. Si se evalúa la humedad del suelo, por ejemplo, sabrá qué sector exacto de la plantación necesita riego.
El precio de la tecnología, que se está ensayando en muchas partes del mundo, oscila entre los 40 y 70 dólares por nodo. "Todavía es caro, porque si estamos hablando de colocar 100 en un campo, los costos son altos", señala Silveira. Al precio del hardware, se suma el software y la "solución de problemas", lo que significa tomar en cuenta si el campo tiene accidentes geográficos o la acción de animales. En el proyecto con la Facultad de Agronomía tenían la dificultad de que la chancha quería comerse el nodo por lo que hubo que ponerle una protección.
CUERPO HUMANO. El proyecto de investigación es financiado por el Programa de Desarrollo Tecnológico (PDT) y prevé finalizar a principios del año próximo. Unos 20 ingenieros (entre ellos varios estudiantes) trabajan en el proyecto, dice Silveira.
En paralelo, el equipo prueba con la misma tecnología de los nodos pero aplicado a implantes como el marcapasos. La idea es que el aparatito transmita al exterior mediciones del paciente, como un electrocardiograma continuo.
El mismo grupo de Ingeniería Eléctrica diseñó hace unos años un chip que acompaña los marcapasos de la empresa uruguaya CCC. Pero ahora el reto es más complicado: lograr que el nodo transmita desde adentro del cuerpo humano con un alcance de tres metros. Una vez que ha salido la señal, un receptor que puede estar en la casa del paciente la tomaría y transmitiría al médico para un seguimiento full time.
Estos nodos son muchos más chicos que los otros y los están probando en un líquido que reproduce las condiciones del cuerpo humano, por ahora con resultados auspiciosos. Los problemas a resolver son el diseño de la antena, que debe ser pequeña y poderosa, y la energía.
En concreto, se busca la forma de que el nodo gaste lo menos posible. Los dispositivos son a pila pero no sería práctico recargar todos los días. Una posible solución, para el caso agropecuario, es que el dispositivo tome la energía del ambiente, sea del sol o de las vibraciones mecánicas.