JULIO PREVE FOLLE
Se viene un invierno duro, ya que para ese momento se esperan una serie de fenómenos que este año parece cobrarán una mayor intensidad.
REFORMA TRIBUTARIA. Uno primero es que estará cuajando la inicua reforma tributaria y su buque insignia, el IRPF. Para ese entonces ya sabremos de él varias cosas. Una, que para los ciudadanos que lo recurrieron es totalmente inconstitucional; otra, que para toda la población es al menos de discutible constitucionalidad. Comprobaremos además, cómo trata con más benevolencia las rentas de capital que las de trabajo, algo que impide por completo afirmar que es un impuesto justo, que trata de modo análogo diferentes fuentes de renta. Habremos experimentado además que tener hijos o no tenerlos es indiferente para la reforma, constituida así en un agravio a la familia como pilar de la sociedad. Y finalmente habremos verificado la transformación de la DGI, en particular de sus jerarcas, en una suerte de policía con afanes mediáticos, depositaria de un poder desde mi punto de vista inconcebible. Dicho sea al pasar, no es de recibo el slogan infantil que señala "el que tenga más que pague más", que deben compartir todos los partidos, de todos los países, de todos los tiempos. El punto es y ha sido siempre cómo hacerlo, y entender que el modo de lograrlo puede suponer agregar más injusticia al sistema, como ocurre con esta reforma. Además, confieso que me gusta más sustituir aquel eslogan demagógico por otro: "que pague más a quien más le sobra", ya que al menos así se resguarda el hecho de que puede haber diversidad de gastos para una misma legitimidad ética.
GASTO PÚBLICO. En su presentación de fin de año en ADM el equipo económico nos informó que el gasto seguiría creciendo. Más aún; lo vinculó al cumplimiento de un compromiso ideológico. En efecto, el gobierno está integrado por gente que en su mayoría supone que la mayor o menor justicia se asocian a una mayor o menor cuenta de gastos por parte del gobierno. Así se entiende que el subsecretario de economía anunciara el cumplimiento del emblemático 4,5% para la educación, o que el presidente del BPS comente como un éxito el mayor gasto en salud. La verdad que si sigue creciendo el gasto en educación, sin una determinación de alcanzar algunos parámetros de calidad en los que estamos en retroceso, gastar más será solo…gastar más. Y en cuanto a la salud, si se pone plata en apoyar mutualistas en situación de déficit operativo desde hace décadas, lo que se estará haciendo es dilapidar recursos públicos, y sin contrapartida. No es gastando más que se hace más justicia; en ocasiones puede ser al revés. Sacarle plata a la gente de ingresos medios para darla a grupos entre los que hay necesitados y quienes no lo son, merecedores de asistencia y de los otros, no parece una política digna de apoyo. Y repartir solidaridad con plata de los demás no parece tampoco un gesto de gran contenido ético. En otras palabras, "dar hasta que duela", o sea el paradigma de Teresa de Calcuta, es algo digno de elogio. Pero obligar a que den otros hasta que les duela, no tiene mérito alguno; es apenas un ejercicio muchas veces injusto, otras muchas demagógico, y siempre muy discutible.
INFLACIÓN. Hay que esperar para el invierno también, un incremento de la conflictividad, determinado por la circunstancia de ser ésta la última rendición de cuentas del gobierno, y por haber este último alentado un sindicalismo que a estas alturas de tanto cinchar "rompió la barbada". Pero lo que hay que esperar sobre todo es que, a partir del incremento del gasto, se acentúe la inflación y se carguen las culpas como siempre a las frutas y verduras o a los productos agropecuarios de más alto precio externo. Incluso algunos han acuñado un término, el de la agflación, o agroinflación, como si ese aumento de precios internacionales de los commodities fuera responsable de la inflación. Y no es así. La inflación o aumento generalizado de los precios es un fenómeno monetario definido como el resultado de muchos pesos a la caza de pocos bienes. Es decir que para que ocurra este fenómeno la clave es que haya muchos pesos en circulación, más que el crecimiento de la producción. De lo contrario, si un conjunto de precios sube por cualquier razón, otro conjunto bajará, y habrá sólo cambios de precios relativos y no inflación. En el caso de las frutas y verduras, o de los demás rubros agropecuarios, acusados de culpas inflacionarias, de no existir "muchos pesos", sus precios podrían subir y no haber necesariamente inflación. Sólo como un fenómeno de corto plazo su aumento podría confundir los registros respectivos. Nada más.
PLAN FRÍO POLAR. Para cuando el frío apriete, voy a proponer un conjunto de disposiciones que aunque sea por noventa días podrían aliviar a la gente, con cargo a quienes disfrutan del mantenimiento de medidas de política costeadas, sin que ellos lo sepan, por Doña Ramona y Don Fermín.
Por ejemplo podría eliminarse la ilegal represión de importaciones de frutas y verduras, aunque sea por un tiempo para disponer de papas, cebollas y otros productos de primera necesidad a precios regionales. Podría hacerse lo propio con el vino a granel, con importaciones prohibidas, aunque es este tipo de presentación la que pretendemos exportar. Podrían eliminarse por algún tiempo los derechos específicos aplicados contra Argentina en aceite y panificados, aún sabiendo que asiste a la administración derecho a reaccionar ante la política de retenciones en aquel país. Podría eliminarse la también ilegal prohibición de importación de pollo, o moderarse lo que se hace con la carne de cerdo. Podría desgravarse por algún tiempo la importación de azúcar blanco para consumo y, aunque llevaría más tiempo y trabajo, podría desgravarse por algún tiempo la importación de vehículos usados o nuevos, la de gas oil productivo, facilitar lo propio en ropa y calzados, etc. Sé que se trata de una utopía por los intereses en juego, pero cuánto más benigno luciría el próximo invierno si se terminaran estos y otros "curros" como los llamó sin hacer nada al respecto el Presidente anterior.
Otro paréntesis. El MEF está preocupado por la fenomenal dispersión de precios que registran hasta en un mismo barrio los alimentos. Es bueno que la gente tenga información de precios. Pero lo que hay que saber es que si un mercado funciona bien, en competencia, habrá con seguridad muchos precios y otras diferencias de atributos de todos los productos. La preocupación debería ser la inversa. Si un producto tuviera la misma cotización en todos lados, ésa precisamente sería una prueba de la existencia de irregularidades en el mercado. Y no al revés.
En definitiva, que el invierno no sirva para generar culpas donde no las hay.