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Más allá de las cifras del PIB

JAVIER DE HAEDO

Con la difusión de las cuentas nacionales de 2007, entre las que se destaca la información referida al PIB, se llegó a completar el conjunto de los indicadores macroeconómicos del año pasado. Semanas antes se habían difundido la balanza de pagos y los números de deuda, que, como las cuentas nacionales, tienen frecuencia trimestral. Voy a aprovechar esta circunstancia para, a partir de los nuevos números, analizar algunos indicadores en particular, con una óptica diferente a la convencional. Me refiero a la deuda pública, a la inversión y a las exportaciones, en los tres casos con relación al producto, y a la tasa de crecimiento a largo plazo de este último.

En el caso de la relación entre deuda pública y PIB, lo habitual es quedarse con la relación lisa y llana entre ambos indicadores, diferenciando, según sea el caso, la deuda bruta de la deuda neta. Hace tiempo que he adoptado una definición intermedia de "deuda relevante", la que consiste en deducir de la bruta sólo a los activos externos brutos y no a los activos con residentes, a los que asigno menor calidad que a los primeros. Pero la relación entre deuda y producto necesita ser analizada detenidamente, en la medida en que numerador y denominador están diversamente dolarizados. Por lo tanto, los movimientos en la relación comentada pueden deberse no sólo a la existencia de un déficit fiscal a financiar con deuda y a cambios en el PIB real, sino también, y muchas veces esto es lo más importante, a cambios en el nivel de los precios medidos en dólares.

Si se observan las series de tipo de cambio real, se comprueba que hay etapas en las que el nivel observado se aleja, en un sentido o en otro, de un nivel de equilibrio o de un razonable promedio histórico. En esos casos, y como consecuencia de ello, también se aleja de su valor "razonable" el producto medido en dólares y, con él, pero inversamente, la relación entre deuda y producto. Así, por ejemplo, en el año 2000, teníamos un PIB en dólares "inflado" con relación a una situación razonable y una relación entre deuda y producto que subestimaba la realidad. Por el contrario, en 2004, con el precio del dólar por encima de su equilibrio, el producto medido en dólares observado estaba por debajo del de equilibrio y era la relación entre deuda y PIB la que estaba "inflada".

El ajuste para llevar el producto observado al corregido y de ese modo ajustar también la relación entre deuda y PIB se puede realizar de diferentes maneras. Una, que parece buena, es corregir el producto en dólares por la distancia entre el tipo de cambio real observado y el promedio histórico. Para ello, encuentro preferible usar la serie de tipo de cambio real extra regional, más representativa del equilibrio de largo plazo para nuestro país y la región.

¿Cuál es la situación con los números finales de 2007? En el promedio del año, el tipo de cambio real extra regional estuvo 7,8% por debajo del promedio de 1977 a 2007. Por lo tanto el PIB corregido por esa variable fue de US$ 21.286 millones en vez de los US$ 23.087 millones observados. Y, entonces, la relación (ajustada por ese factor) entre la deuda relevante y el producto fue de 49,6% y no de 45,7% como surge de los números sin efectuar ajustes. Para 2008 ya se puede anticipar que la brecha entre lo observado y lo ajustado habrá de ampliarse significativamente, por la fuerte inflación en dólares que habrá entre los promedios de 2007 y 2008.

Un segundo ajuste a introducir y que hoy va en la misma dirección del comentado, consiste en corregir el PIB por su nivel de tendencia, tema que trataré unos párrafos más adelante. Una de las lecciones que nos dejó la crisis de 2002 es que debemos ver con mayor profundidad la relación entre deuda y producto y no encandilarnos con ratios que aparentemente son favorables pero que pueden llegar a disimular una realidad más adversa. También sería bueno que los organismos internacionales y las calificadoras de riesgo hayan aprendido esa lección y que no sigan corriendo desde atrás a la realidad.

En cuanto a la relación entre inversión y PIB, las autoridades habían generado gran expectativa en cuanto a que ella había alcanzado el 17-18% en 2007. Las cuentas nacionales, sin embargo, mostraron que esa relación se ubicó en 15,1% a precios corrientes y en 15,7% a precios constantes, en ambos casos bastante abajo de los registros de la década de los noventa. Sin embargo, creo que quienes se la juegan demasiado a este indicador se equivocan, porque están analizando sólo parcialmente la realidad. Para producir un bien o un servicio no sólo se requiere de inversiones en activos fijos (construcciones, maquinaria y equipos, plantaciones y cultivos permanentes) sino también, y cada vez más, de inversión en capital humano. Y esta inversión, que no se considera en las cuentas nacionales, es muy relevante en la función de producción de un país. Lo es en el caso del nuestro, en particular, y seguramente más que en la mayoría de los de la región. Hace pocos días participé de un seminario sobre exportaciones de tele-trabajo. Por ejemplo, exportar servicios de clases de matemática por Internet. Eso es exportar, indudablemente, y también es producir, agregar valor. ¿Qué inversión fue relevante para producir y exportar en ese caso? Aparte del valor del PC, que es hoy lo de menos, los estudios del tele-trabajador.

Pero además está la razón del artillero: ¿alguien puede creer que estemos creciendo como lo estamos haciendo, con una inversión relevante de menos de 16% del PIB? Lo que ocurre, si ese 16% está bien medido, es que se combina con otra cifra de inversión en capital humano que es muy significativa en nuestra función de producción. Digo "si está bien medido" porque dudo que toda la extraordinaria inversión en el agro (capital de trabajo, tecnología, equipos) esté debidamente registrada.

En cuanto a las exportaciones, lo habitual es quedarse con las de bienes FOB que mensualmente informa la aduana. Éstas, en todo 2007, fueron de US$ 4.496 millones. Sin embargo, esta cifra es apenas dos tercios de una realidad que mostró exportaciones totales de bienes y servicios por US$ 6.825 millones. De aquella cifra a ésta, se pasa sumando las exportaciones de bienes desde zonas francas por 567 millones (discrepancia entre las cifras de aduana y las del rubro bienes de la cuenta corriente), más las exportaciones de servicios de transporte (608 millones), de turismo (809 millones) y de otros servicios (345 millones). Entre 2006 y 2007, las de bienes que registra la aduana subieron un 13% pero las totales un 18%, porque las de servicios subieron 27%. Dicho sea de paso, las exportaciones de bienes que registra la aduana subieron 13% en valores corrientes, pero sólo 4% si se las corrige por el índice de precios de exportaciones de la CIU. El boom exportador se debe a los servicios y a los precios internacionales, pero no al mayor volumen de exportaciones salidas de territorio no franco, por lo que al menos no es adecuado utilizarlo para sostener que la competitividad es satisfactoria.

Por último, lo referido al PIB de tendencia. Hay todavía hoy, quienes sostienen que la tasa de crecimiento a largo plazo de nuestro país es del orden de 2-2,5%, por ser ese el promedio histórico. Sin embargo, cuando en una economía se producen cambios estructurales como los registrados en nuestro país desde los noventa, y además esa economía está crecientemente inserta en un mundo mucho más propicio para ella, seguir manejándose con las tasas de los últimos 20 o 30 años puede no reflejar la situación actual. Para ello es necesario asignarle algún peso a las tasas de crecimiento económico más recientes. De lo contrario se daría la paradoja de que seguiríamos hablando de una tasa de crecimiento a largo plazo muy baja hasta que pasara un gran número de años que permitiera asumir la nueva realidad.

La tasa de crecimiento a largo plazo, entonces, no sería algo estático sino dinámico. Y el producto de tendencia no se podría estimar apenas proyectando el de algún período base con una tasa de 2-2,5% anual.

Según mis estimaciones, en 2007 la tasa de crecimiento a largo plazo, fue de 4,7% y en ese año el PIB observado estuvo un 4,3% por encima del de la tendencia de largo plazo. Esto significa que crecimos ciertamente más de lo "razonable" y nos ubicamos en un nivel de producción ciertamente superior al de la "tendencia". Pero ni en un caso ni en otro, la brecha es algo extraordinario: se trata de una situación muy parecida a las de 1994 y 1998.



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