WILLIAM PESEK | BLOOMBERG
Olvídese de Bear Stearns. No piense en lo que Ben Bernanke y Henry Paulson puedan hacer. Desvíe su atención de cuál es el fondo de cobertura que va a explotar. Piense en el arroz.
La forma en que Bernanke, presidente de la Reserva Federal, y Paulson, secretario del Tesoro, se encargan de la crisis del crédito podría no tener mucha importancia en comparación con los crecientes costos de alimentos vitales. El incremento en el precio del arroz, alimento básico para unos 3.000 millones de personas, a un nivel récord hace dos semanas, es la crisis real en la región de crecimiento más dinámico del mundo.
Eso no es todo. "Los alimentos son la punta del iceberg", dice Ifzal Ali, principal economista del Banco de Desarrollo Asiático, en Manila. "En todas partes de Asia vemos surgir indicios de recalentamiento".
Hay otras dos fuerzas detrás del aumento de la inflación en Asia, ambas de las cuales han estado creciendo durante años. Una es el avance de los precios de los activos que tiene sus raíces en la política de tasas de interés bajas puesta en práctica desde Washington hasta Tokio. La otra son los salarios conforme los asiáticos consiguen mayores remuneraciones y las empresas se encuentran con escasez de mano de obra calificada.
Es una horrorosa combinación de circunstancias. No obstante, lo que resulta más notable es lo sorprendidos que están muchos inversores y economistas.
Dada la forma en que el Banco de Japón y la Reserva Federal han reducido las tasas de interés a lo largo de los años, estas tendencias de precios resultaban previsibles. Lo mismo puede decirse del aumento de las reservas asiáticas de moneda extranjera, que se están filtrando en la oferta monetaria. Además, dado el rápido crecimiento asiático, es lógico que los salarios estén subiendo. El Banco de Desarrollo Asiático dice que la inflación en la región podría alcanzar este año el mayor punto en un decenio.
SE ACABÓ LA FIESTA. Lo que quizá sorprenda a muchos es que los crecientes precios de los alimentos sean un fenómeno de largo plazo más que cíclico. Para economistas como Ali, que han estado advirtiendo sobre esto durante años, es desalentador ver que se haga tan poco hincapié en aumentar las inversiones en técnicas y tecnología para la agricultura.
"La fiesta con gran crecimiento y baja inflación, la edad de la inocencia, se acabó", dice Ali. "Los gobiernos ahora necesitan aplicarse si es que van a volar más alto nuevamente en el futuro. Si esta tendencia no se frena y revierte, bien podría poner fin a la reducción de la pobreza en Asia".
Palabras fuertes, sin duda. Y aun así la inflación actual podría causar un gran retroceso en una zona que se pasó diez años recuperándose de la crisis asiática. Los bancos centrales no tendrán más remedio que aumentar las tasas de interés, una dinámica que reducirá el crecimiento y afectará a los mercados de capitales.
TIEMPOS DIFÍCILES. Los gobiernos encararán tiempos difíciles. El encarecimiento de las materias primas desde comienzos de la década ha sido en gran medida disimulado por los subsidios y controles a las exportaciones. Estas medidas se están volviendo muy caras ahora conforme trepan los precios y los dirigentes tienen una opción desagradable: aumentar drásticamente los niveles de deuda o dejar que la población lleve la carga.
Los costos de los alimentos por sí solos son un peligro claro y presente. En muchos países asiáticos, dice Ali, los alimentos y aceites comestibles constituyen el 60 por ciento del índice de precios al consumidor. Incluso antes de los últimos incrementos, las familias asiáticas en promedio destinaban 50 por ciento de sus ingresos a los alimentos. Esa porción está subiendo en este mismo momento.
Los economistas en Estados Unidos y Europa frecuentemente se fijan en la inflación "central", que excluye alimentos y energía. Eso es imposible en las economías asiáticas en desarrollo. Concentrarse en el índice de precios básico o central sólo enmascara lo que Ali califica de un "efecto empobrecedor" que derriba logros alcanzados con dificultad en el estándar de vida.
De ahí el llamamiento hecho días atrás por el presidente del Banco Mundial, Robert Zoellick, de que se formule un "Nuevo Trato" para poner fin al hambre y que se aprueben US$ 500 millones más para un programa de alimentos de las Naciones Unidas. También exhortó a los países ricos a reducir los subsidios a la agricultura y a abrir los mercados a la importación de alimentos.
AMORTIGUADORES. Y luego tenemos lo que Ali califica como "obstáculos al crecimiento" que están alimentando la inflación. Los grandes incrementos en los precios de todo tipo de productos, desde cemento hasta acero, complicarán la necesidad de Asia de mejorar los caminos, puentes, puertos y telecomunicaciones. Es un giro raro del destino que al mejorar la infraestructura para controlar la inflación, toda esa actividad de la construcción pueda atizarla aún más.
Todo esto requerirá un ajuste considerable. Asia es la última frontera para el capitalismo y las empresas multinacionales dependen de su rápido crecimiento, abultada población y emergentes sectores de consumidores de clase media para aumentar sus ganancias. Los inversores tienen expectativas similares.
La situación no es del todo negativa. El Banco de Desarrollo Asiático espera que Asia, excluido Japón, se expanda 7,6 por ciento este año. Mientras que se ha demostrado la falsedad de la teoría del "desacoplamiento" ideada por los economistas el año pasado, Asia cuenta con un considerable amortiguador conforme Estados Unidos y Japón se desaceleran.
A fines de la década de los noventa, la turbulencia hizo que economías como la de Indonesia, Corea del Sur y Tailandia fueran a pedir rescates al Fondo Monetario Internacional. Los gobiernos asiáticos están sentados en billones de dólares de reservas extranjeras. Eso es dinero que puede usarse para comprar alimentos.
Para la mayoría de las personas del mundo, llenar el tanque de gasolina es una opción. Si los especuladores hacen aumentar los precios del petróleo, uno le encuentra alguna vuelta. Si suben los precios del oro, uno compra plata. Cuando se trata de los costos de alimentos que no pueden ser sustituidos fácilmente, como arroz, trigo, maíz, soja, cerdo y aceite de palma, Asia tiene un problema.
"Este problema de la inflación tiene un impacto directo en el bienestar", dice Ali. "Es por eso que es tan explosivo política y socialmente".