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La paradoja del desacople

DANIEL ARTANA, DESDE BUENOS AIRES

La economía argentina es la de un país endeudado, exportador de commodities y con un comercio importante con sus vecinos. En los últimos meses los commodities han tenido una nueva mejora en sus precios, la tasa de interés de Estados Unidos es muy baja en términos reales y la economía de Brasil continúa creciendo en dólares a un ritmo anual del 20%.

En ese contexto, uno debería observar un desplome en el riesgo país o, al menos, una reducción en la diferencia entre el riesgo argentino y el promedio de los países emergentes. Sin embargo no ha sido así. Durante octubre del año pasado, ya influido por la manipulación de precios y el deterioro fiscal electoral, el riesgo argentino se ubicaba en 370 puntos básicos y era algo más de 175 puntos superior al promedio del riesgo emergente. En la primera quincena de abril, el riesgo argentino aumentó por encima de los 540 puntos básicos y la diferencia con el resto de países emergentes se amplió a 255 puntos básicos. Y ello ocurrió a pesar de que hoy la Argentina tiene mejores números fiscales que entonces y un elevado superávit comercial.

¿Cuáles pueden ser las razones de este desacople?

El conflicto con el sector agropecuario marcó dos cosas: por un lado, luego de un aumento de retenciones en el mes de noviembre dispuesto por el saliente gobierno de Néstor Kirchner, se intentó volver a capturar una parte creciente del ingreso del sector agrícola. Las retenciones promedio para las exportaciones de maíz, soja, trigo, girasol y subproductos que en 2007 se situaban en 23,6%, habían aumentado en noviembre a 31,2% y volvieron a subir con las medidas del 11 de marzo a cerca del 36%. Entre líneas, esto sugiere que el gobierno visualizó problemas para contener el gasto estatal que en el primer trimestre del año aumentó a un ritmo anual de 35%. Hay básicamente dos novedades. Una es la perspectiva de un aumento fuerte en los subsidios a la energía, el transporte y los alimentos ante las dificultades para aumentar precios y tarifas domésticos en un contexto de precios crecientes en los mercados mundiales. La otra es la inevitable "contaminación" a los salarios de los empleados estatales y de los jubilados y pensionados de los aumentos salariales en el sector privado que han estado cerca del 30% anual.

Por otra parte, la rebelión fiscal del sector agropecuario pone un límite a la estrategia del gobierno hasta hoy: gastar y aumentar la presión tributaria. Sumando ambas cuestiones aparecen algunas dudas de mediano plazo sobre los números fiscales que han sido un elemento central para calmar expectativas y uno de los pilares de la política oficial.

El conflicto con el sector agropecuario puede generar otro costo importante. Al distraer la atención política hacia un nuevo problema se puede perder la oportunidad de introducir algunas correcciones necesarias a la política económica. En el año 2008 no hay elecciones y era el momento para desacelerar el gasto público, aumentar la tasa nominal de interés para que sea menos negativa en términos reales e impulsar una moderación salarial. A medida que transcurren las semanas, se percibe que esto no será así. Moderación salarial no hubo, la tasa de interés se vuelve más negativa (no menos) al mantenerse estable en términos nominales a pesar de la suba de la inflación, y el gasto público no se frena. Entonces, cada vez se depende más de la buena fortuna; de los elevados precios internacionales para generar divisas y lograr un buen resultado fiscal.

A ello se suma que la inflación real en ascenso (aunque todavía lejos de una dinámica explosiva) reduce el tipo de cambio real y ya ha dado lugar a reclamos por una depreciación del peso. Claro está que si se accediera a esos reclamos en un contexto muy diferente del 2002, con bajo desempleo en la mano de obra calificada que emplea el sector formal de la economía y sin capacidad ociosa en el sector industrial, lo único que se lograría es un poco más de inflación.

En suma, los mercados de bonos parecen percibir que la Argentina puede estar perdiendo una oportunidad de empezar a corregir los desequilibrios que generó una suma de errores en la política pública de los últimos años. Ignorar la inflación, deteriorar el resultado fiscal, intervenir en forma creciente y discrecional en la economía son los ejemplos más importantes. Si las correcciones no empiezan este año, la dinámica electoral con elecciones de medio término, que han demostrado ser cruciales en la historia argentina desde 1983 en adelante, hará que se posterguen hasta el 2010, cuando puede ser tarde.



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