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Instancias decisivas en Ginebra

JULIO PREVE FOLLE

El título no significa que estemos próximos al cierre de la ronda de Doha, algo por lo que desgraciadamente nadie apuesta demasiado. Implica solamente que están ocurriendo algunos eventos que pueden marcar el futuro de todo el sistema multilateral de reglas. Por eso es bueno dar un vistazo sobre algunos eventos interesantes que están marcando la negociación agrícola, hoy muy influida por el nuevo escenario de precios internacionales.

ALGUNAS POSICIONES. El Director General de la Organización Mundial del Comercio (OMC), el Presidente del Banco Mundial y la comunidad de negocios de Estados Unidos, han considerado recientemente al programa de trabajo de Doha como el acuerdo global que podría revivir la confianza en la economía mundial, dado el panorama pesimista que presenta actualmente. Esto es positivo aunque apenas demostrativo de un estado de ánimo, ya que las dificultades como se verá son enormes. La inestabilidad financiera, y la crisis alimentaria en países pobres e importadores de productos agrícolas, están abonando posiciones marcadamente proteccionistas que, metidas en las discusiones de Ginebra, pueden tornar imposible un acuerdo a corto plazo.

Destaco por ejemplo las declaraciones de Michel Bamier, ministro de agricultura de Francia, al Financial Times (FT): "África y Latinoamérica deberían adoptar sus versiones de PAC (Política Agrícola Común de la Unión Europea) como respuesta al incremento de la demanda mundial de alimentos". Más aún; sostuvo que la ayuda internacional debería reorientarse a los países que implementaran nuevas políticas de autosuficiencia alimentaria, al estilo europeo, de sentido contrario a la liberalización. Incluso expresó que la relación entre agricultura y alimentación no debería darse en el seno de la OMC, y propuso relanzar la política agrícola europea, en el sentido contrario al liberalizador. El artículo del FT manifiesta dudas sobre la representatividad del pensamiento de Bamier, pero en cualquier caso expresa mucho. Es más; la aparición de problemas objetivos en algunos países por el tema de los precios abona ideas de este tipo. Por ejemplo, diversos conflictos ocasionados por el precio de los alimentos se han registrado en catorce países incluyendo especialmente a Haití, Costa de Marfil, Camerún y Egipto. El Banco Mundial sostiene que habrá desequilibrios sociales en 33 países como consecuencia del aumento en los precios; doce de ellos ya han tomado medidas de emergencia, por ejemplo racionamientos en Pakistán, incremento de las subvenciones alimentarias en Egipto, prohibición de ciertas exportaciones de arroz en la India, incremento de la inversión del gobierno en la producción de arroz en Filipinas; y por supuesto todas las medidas argentinas que conocemos. En definitiva, lo que está claro es que hoy Europa con toda claridad puede "culpar" a la liberalización, de las dificultades en África, para seguir con su política y emular el canto del tero. Otro tanto hace la FAO; el pasado 30 de abril en Berna convocó una cumbre para combatir el hambre, de la cual no hay que esperar más que nuevas presiones, como siempre, a favor del proteccionismo y la autosuficiencia alimentaria.

Resulta obvio no obstante, no solo que a estos niveles de precios aquellos países pueden encontrar espacios también para producir, sino que hay un cambio en el planeta fundamentando los incrementos de los precios, más allá de la liberalización, que parece instalado. El mismo tiene que ver con el despertar al consumo de alimentos por parte de China, India y Rusia, y por supuesto con la creciente transformación de Brasil de importador de alimentos -y beneficiario de políticas a la europea- a exportador de los mismos a escala planetaria.

En este enfoque el tema de los biocombustibles no es sólo una respuesta a los elevados precios del petróleo; es más también una respuesta al crecimiento económico de aquellos países, demandantes ahora de más energía, derivada ésta de fuentes fósiles y arrastrando desde ella todas las demás fuentes.

Otro tema político relevante es la creciente dificultad de aprobación de una negociación agrícola liberalizadora en Estados Unidos, cuyo parlamento no sólo ha rechazado el Tratado de Libre Comercio con Colombia, sino que seguirá influido por posiciones demócratas quizás aún más proteccionistas. Aunque también puede ser cierto lo contrario: que rechazar un acuerdo alcanzado en el seno de una organización internacional y con el consenso de más de 150 países, sería una dura carga para un partido que quiere mostrarse más amistoso con el sistema multilateral, el derecho y las mejores causas a nivel internacional. Nada claro por aquí.

UN "VALE TODO". Los enfoques de liberalización proceden mal que bien de la OMC. El cierre de la Ronda de Doha, además de algunos beneficios notorios que traerá para nuestro país, ya referidos otras veces, devuelve al sistema multilateral un sistema de reglas. Sin cierre de la Ronda, y en este contexto de fuerzas proteccionistas alarmadas, podría aventurarse el advenimiento de un "vale todo" en materia de comercio agrícola. Es más; hay voces en Europa afligidas por la desaparición de instrumentos de política agrícola que ya no están disponibles para los países en función de sus compromisos en la OMC. Es este el caso de nuestro país y de otros, de lo que se lamentan los franceses. Hay muchos instrumentos de política que si quisiéramos ser fieles al ordenamiento jurídico multilateral del que somos parte, jamás podrían ponerse en práctica y que aplicamos a escondidas.

OBJETIVO ÉTICO. También en el tema de la solidaridad y subsidiariedad del libre comercio muchos se han apropiado de los pobres

para fundamentar sus posiciones, que nada tienen que ver con ellos, como Europa por ejemplo. En primer lugar hay que subrayar que las fenomenales ayudas distorsivas del comercio no están aplicadas en los países pobres sino en los ricos. Esto significa que habría "espacio fiscal" parafraseando a Astori, para liberalizar el comercio agrícola mundial y destinar hoy ayudas no a los países -al menos no fundamentalmente- que sólo reciben alimentos, sino a aquellos que pueden, en especial a estos precios, lanzarse a producir. No es Europa la que tiene que volver a poner en cultivo áreas que dejó hace un tiempo. Son los países pobres los que pueden y deben hacerlo.

Estoy persuadido que, más allá de este difícil momento que debe ser atendido con ayudas directas que distorsionen poco el comercio, los países pueden encontrar espacio para producir más alimentos. Es más; el espectacular crecimiento económico de África y Asia va de la mano de una nueva ruralidad. Y además, la OMC viene trabajando en el tema de ayuda alimentaria dentro del capítulo, llamado pilar en la jerga, de "subsidios a las exportaciones", para lograr precisamente eso: compatibilizar el combate al hambre a través de ayudas, con disciplinas que preserven el comercio, ya que el aumento de éste ha demostrado ser la herramienta más eficaz para el crecimiento de los países más pobres. Es más; el Director General de la OMC, Pascal Lamy, ha argumentado que la continua expansión del comercio multilateral es una póliza de seguro -además- contra las inestabilidades de los mercados y las turbulencias financieras.

El objetivo ético debe ser pues combinar solidaridad con subsidiariedad. Solidaridad como yo lo veo es la responsabilidad de las naciones desarrolladas de favorecer el crecimiento económico ayudando a los individuos de los países menos afortunados, a crear sus propias oportunidades de desarrollo a nivel internacional. Esto significa apertura al comercio. Y no es por tanto, no se le parece en absoluto, la forma de regalar alimentos que sobran como consecuencia de políticas de autosuficiencia lograda a puro esfuerzo de Tesorerías ricas, que las pobres jamás podrán implementar. Esta solidaridad implica por tanto otro enfoque del principio de subsidiariedad: intervención, en este caso de los países desarrollados, a favor de la creación de oportunidades llevadas a cabo por los propios países con problemas. Como se ha dicho: no darles pescado sino enseñarles a pescar, y después comprarles el fruto de su esfuerzo. Solidaridad y subsidiariedad implican pues una doble responsabilidad: para los países desarrollados en ayudar a los países menos desarrollados a encontrar su vía al desarrollo, y para los países menos desarrollados en implementar todas las políticas necesarias que les permitan aprovechar las oportunidades que se les ofrecen abiertas desde el comercio.

LA AGENDA. En los primeros días de mayo debería conocerse un nuevo documento de modalidades completas, un borrador de documento final, para agricultura y para bienes no agrícolas (NAMA en la jerga). El 12 de mayo debería empezar un proceso negociador supuestamente final, que de serlo realmente debería contar con una presencia multitudinaria de ministros a partir del 19 de mayo. Si algo de esto no ocurre, estaríamos de nuevo a fojas cero.

Nota: La reforma de la ley de arrendamientos rurales referida la semana anterior procede de la ley 16223, que en su artículo 1 estableció la libre contratación. Es de octubre de 1991.



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