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Devoto arrancó de repartidor y vendió su cadena en millones

"Con gran fuerza y muchas ideas llegamos al gran negocio que hoy en día todavía es", aseguró Walter Devoto, uno de los fundadores de la cadena de supermercados que lleva su apellido.

Sin estudios profesionales en el equipo, la distribución de frutas y verduras fue la idea inicial que derivó luego en el "Almacén y Bar Devoto", el primero de los locales de la marca ubicado en Almería y Yaco, Malvín. La quinta apertura ya era super centro y fue en Santa Mónica donde se erigió el primer supermercado. A partir de allí el modelo no paró de multiplicarse hasta llegar hoy a 24 sucursales. Pero no fue fácil: "Lo construimos todo a pulmón, no había dinero y la competencia siempre existió", recordó Devoto.

De a poco se incorporaron también los hijos a la empresa. "El trabajo en equipo, en familia, fue fundamental para crecer y afortunadamente también nos llevábamos bien comercialmente", se congratuló el empresario. Es así que con la llegada de la segunda generación de los Devoto, los más veteranos pudieron respirar y pasar a realizar tareas de supervisión.

El negocio iba muy bien y no parecía estar dentro de los planes venderlo, pero luego de tres años de conversaciones con el Exxel Group, la cifra de US$ 100 millones hizo imposible rechazar la oferta. Cada uno de los participantes se abocó entonces a diferentes tareas, siendo el hermano mayor, Luis Alberto, al que más le afectó el desprendimiento: incluso hoy, con 87 años, sigue visitando los locales, que aún son propiedad de la familia.

Devoto, sin embargo, retomó la pasión por el fútbol que había abandonado: empezó jugando en Wanderers de adolescente y 50 años después asumió la presidencia del club. Al principio se lo tomó como una distracción cualquiera, pero pasó luego ocho años comprometido con el cargo que le dio varias satisfacciones y no menos dolores de cabeza. "Cuando uno se mete con un asunto tiene que seguir adelante o de lo contrario no hacerlo", indicó.

Actualmente, a sus 79 años, disfruta de los logros que le ha dejado la vida.

"Voy al Náutico, viajo seguido a Punta del Este y me gusta jugar con los caballos de carrera los domingos," dijo, sin olvidar que ahora puede deleitarse con más momentos junto a su esposa Lidia y sus dos hijas, Ana Libia y Cristina.



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